Si me persiguen las pesadillas y mi voz se quiebra de tanto gritar, de tanta desesperación, como en un juego de azar donde la ira y el miedo juegan un papel crucial, sigo adelante.
Sintiendo un sentimiento a contrapelo, soy ese náufrago que sueña con un beso. Un beso eterno que, a la postre, dispara contra mí.
El amor levita muchas veces más alto que todos los ceros a la derecha de cualquier cuenta corriente, más alto que aquellos que creen que el amor se puede comprar.
Me pierdo en caricias ocultas, en esas que dejan huella en tu ausencia. Las almas vuelan en una sola dirección. Y si el placer me lleva por el cuerpo y la mente ante tanta belleza de respetable admiración, ambos —cuerpo y mente— siguen volando en esa misma dirección.
Todos los seres humanos acabamos mendigando amor. Y yo sigo creyendo que el amor es terrenal: no busca tesoros. La chispa perfecta surge cuando tiemblan la voz y las manos, y las miradas hacen el resto.
Hasta que me quede sin voz, dejaré una lágrima al desconsuelo y un beso en tu mejilla. Mi amor no está en mis sueños, es tan real que, a ojos de la casualidad, nunca es tarde para enamorarse: a plena luz del día, o en aquella noche estrellada en una playa desierta, navegando hasta entregarte todo mi amor.
El sol entra por mi ventana. El reloj marca que hoy será testigo de cómo el tiempo se detiene, acercándose seriamente, hasta que, por arte de magia, este amor surja. Surgido de quedarme sin voz, de pedirlo a gritos de esperanza, de aprender que hay que saber separar el momento del deseo.
Ambas cosas, aunque se parezcan, son distintas. Y en ellas está la clave para que surja la magia del amor.
Y mientras tanto, el flaco y la flaca contraatacan.
A este loco amor no hay quien lo corrija.
Mi bandera es ondear el amor como un diazepam para mis pensamientos ocultos y depresivos. Soy aire de lluvia mojada para ponerle sangre al grito. En esta lucha de gigante, soy terriblemente cruel, mientras la pólvora se moja ante la llamada de este loco amor.
Sintiéndolo mucho, en el blanco nuclear de Madrid me he creado mi pequeño Chernóbil. Y aunque tenga la lluvia en los zapatos, siempre me quedará diciembre como punto de partida, con “EME”, mientras todo el Calderón me lo chille.
No hay mejor artículo que este, dedicado a José Miguel Conejo Torres, “Leiva”. A través del amor y las emociones —y acompañado por la salud mental, un tema que este “mago” de la música ha trabajado desde 1999, cuando empezó con Pereza junto a Rubén— ha sabido dejar huella.
Tras seis álbumes con Pereza, llegó el final en 2011. Y desde entonces, hasta hoy, 2025, Leiva ha firmado una exitosa carrera en solitario, también con seis discos publicados. De Madrid a la gloria. Y de Leiva, al cielo.
Pronto podremos ver su documental en Movistar+, Hasta que me quede sin voz, donde se mostrará al Leiva más íntimo y personal.
Gracias, Leiva, por hacer de tu música mi modo de vida. Tus letras disparan certeras en mi mente, desesperada de tanta información, y me inspiran este humilde tributo dentro de mi sección de artículos emocionales: Motiva-Té.
Infoguadiato, ese medio que acerca la cultura y las emociones, comparte hoy este homenaje.
Sabemos que hoy sábado actúas en Córdoba, en la Plaza de Toros Los Califas.
Desde Peñarroya Pueblonuevo, va este humilde reconocimiento a la figura de Leiva: músico, compositor y productor, referente de nuestra cultura nacional e internacional. A sus 45 años, ya tiene una carrera extensa y llena de éxitos.
HASTA QUE ME QUEDE SIN VOZ
Motiva-Té con Leiva y con un artículo lleno de amor oculto y de emociones fuertes, que llenan mi cabeza de momentos y deseos apasionados.
Y tú, ¿te motivas?
¿Estás motivado o motivada?
Motiva-Té con estas reflexiones y pensamientos emocionales para los lectores y lectoras de Infoguadiato.
— Sergio Delgado Cintas





























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