A veces uno se reconcilia con su pasado para aprovechar al máximo el presente. Luchamos guiados por los latidos de una sombra que nos ha cobijado siempre, como esos besos bajo el agua capaces de detener el tiempo. Pernoctamos entre lo prohibido y lo salvaje, mudamos la piel a salvo del ruido, y sobre esa piel cargamos angustias, esperanzas y el futuro inevitable en el que seremos vulnerables y esclavos del verbo querer.
En ese querer limpio y en las buenas costumbres de la buena familia, hoy domingo entramos en la vida —de forma novelada, como merece— de nuestro amigo y vecino Joaquín Manuel Jaén Romero (Peñarroya-Pueblonuevo, 1980). Penúltima generación de una extensa estirpe, los Jaén, profundos como el gentío y el cante jondo; estirpe que continúa hoy en sus hijos, la última rama de este árbol inagotable.
Su vida ha estado entregada al servicio integral a su pueblo. Su fe lo llevó a participar en distintas hermandades, empezando por la de la Parroquia El Salvador y San Luis Beltrán, además de formar parte de la Banda de Tambores y Cornetas de Peñarroya.
En el plano cultural, su voz pasó por las dos grandes comparsas del municipio: primero en la Peña Cultural y Carnavalesca “Nuevos Carnavales”, del distrito del Cerro, y después en la Comparsa de Peñarroya-Pueblonuevo, donde fue reconocido por una voz que jamás desafinó. Joaquín, siempre entregado a la cultura y a las celebraciones de su gente.
Su trayectoria laboral también merece capítulo aparte. Más de dos décadas en distintas ubicaciones de la cadena Supermercados Dia lo convirtieron en un referente: constancia, dedicación y un saber estar que dejó huella tanto en Peñarroya como en su etapa en Almadén, Castilla-La Mancha. Su salida hace apenas un año por motivos personales no borró una carrera impecable que, sin duda, mantiene abiertas muchas puertas por mérito propio.
Hoy vuelve a un terreno que conoce bien: la hostelería. En el mítico Bar Porras, regentado por su tío Javier Romero, ofrece un estilo propio a la hora de atender, ese sello que solo tienen quienes sirven con cercanía y buen pulso.
En el plano familiar, posee lo que cualquier hombre desearía: la felicidad plena. Hijo de Juan José Jaén y Rosa María Romero, guarda en su hermana —también Rosa María— la confianza de toda la vida, la certeza de que nunca fallará, igual que sus sobrinos y su cuñado, que desde tierras gaditanas sostienen la ternura y la lealtad sin que la distancia reste un ápice.
Su matrimonio con Mirella González es esa sala iluminada donde el amor se mantiene en pie desde el primer día. Sus hijos, Nazaret y Manuel, son gotas de lluvia persistente: vitalidad, descaro, alegría que desarma, manos pequeñas que tocan de verdad y voces que acarician.
Hoy, la vida de Joaquín gira, sobre todo, en torno a su familia. Es su orgullo mayor, el lugar donde entrega su tiempo y su cuidado, por encima de cualquier puesto rimbombante. Esa elección dice mucho de su calidad humana.
Comerciante y hombre de vocación cercana, en este artículo queremos rendirle tributo desde el afecto y el respeto que sentimos quienes formamos Infoguadiato.
“Solo en soledad se siente la sed de la verdad”
María Zambrano
Y es en esa verdad donde se refleja la belleza transparente de la vida de Joaquín Manuel Jaén Romero. En su soledad buscó respuestas; en su entrega encontró sentido. Nosotros solo hemos puesto palabras a una vida hermosa que él mismo ha sabido construir.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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