Recogemos los frutos de lo vivido a lo largo de los años. De una vida hecha a base de esfuerzo, de dificultades superadas y de momentos en los que el amor acaba imponiéndose a cualquier tristeza. Así es la historia de nuestra amiga y vecina Juana García Mateos, una mujer que ha sabido transformar las adversidades en una existencia plena, construida con ternura, constancia y una profunda lealtad a su pueblo.
La vida personal y profesional de Juana se ha desarrollado tanto en Peñarroya-Pueblonuevo como en distintos países del corazón de Europa, donde supo ganarse el respeto y el cariño de quienes la rodearon. Hoy, ya jubilada, disfruta de una etapa tranquila junto a su familia y amistades, saboreando el tiempo sin prisas y los pequeños momentos de ocio que antes parecían inalcanzables.
Juana nació en Peñarroya-Pueblonuevo, el lugar al que siempre ha sentido que pertenece, incluso cuando la vida la llevó lejos. Fue la mediana de tres hermanos: Carmen, la mayor, y Arsenio, el pequeño. Hija de Juan Manuel y Lucía, creció en una familia humilde donde el esfuerzo no era un valor aprendido, sino una necesidad diaria.
Su infancia no fue sencilla. La delicada salud de su madre, marcada por el asma y una enfermedad cardíaca, la obligó a asumir responsabilidades desde muy joven. Su paso por la escuela fue breve, pero su padre se encargó de enseñarle lo esencial para defenderse en la vida. Así se forjó un carácter que la ha acompañado siempre: luchadora, perseverante, honesta y leal, capaz de anteponer el bienestar de los suyos a cualquier deseo propio.
Con tan solo catorce años dejó su pueblo y se marchó a Barcelona para ayudar a sostener a la familia. Tres años más tarde dio un paso aún más valiente: emigró a Bélgica. Partió sin conocer el idioma, pero con una determinación inquebrantable. A base de constancia y coraje, aprendió a hablar y leer francés con total fluidez, demostrando que los límites rara vez están donde parecen.
En Bélgica encontró también el amor. Allí conoció a Léopold, con quien se casó y formó una familia. Nacieron sus hijos, Léopold y M.ª Colette, y juntos construyeron una vida digna, basada en el trabajo y el sacrificio. Pese a todo, el vínculo con su tierra nunca se rompió. Siempre repetía que, si regresaba a España, sería para volver a Peñarroya-Pueblonuevo. En 1985 cumplió ese anhelo.
De regreso al pueblo, continuó trabajando con la misma entrega de siempre. Pasó por el comedor de la PMC, el Hotel Sevilla y, finalmente, ejerció como gobernanta en el colegio Milton Livesey College. Su trayectoria laboral habla por sí sola: compromiso, responsabilidad y una disposición permanente a ayudar, sin perder jamás sus valores.
Hoy, ya jubilada, Juana sigue siendo una mujer activa. Dedica tiempo al bordado y al encaje de bolillos, labores que reflejan su paciencia y dedicación. A sus 80 años conserva intacta la ilusión por cuidar de su familia y disfrutar de sus nietos, a quienes reúne alrededor de la mesa para compartir platos elaborados con esmero, cariño y amor. En esos gestos sencillos se resume su vida: trabajo silencioso, sacrificio generoso y un corazón siempre puesto en los demás.
Por todo ello, y por su aportación social y cultural a Peñarroya-Pueblonuevo, se le rinde este emotivo homenaje a una vida entregada por y para su pueblo.
Juana se ha ganado la admiración de sus amigos de Infoguadiato, que hoy se detiene para dignificar su trayectoria. Con su historia ponemos rostro y palabras a una generación forjada en la educación, el respeto, la humildad y el trabajo incansable.
Sin pedir nada a cambio y sin estridencias, gracias por enseñarnos el camino y por transmitirnos el amor a nuestro pueblo.
Como escribió Epícteto:
“Engrandecerás a tu pueblo, no elevando los tejados de sus viviendas, sino las almas de sus habitantes.”
Por todo tu trabajo y valentía:
gracias por todo, Juana.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas





























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