Los seres humanos son capaces de hacernos sentir en un entorno lleno de paz y felicidad. Por eso es muy difícil llenar el vacío que deja un ser querido cuando tiene que marcharse a la otra vida.
Porque después de esta vida… hay otra vida mucho mejor, donde cruzamos el nirvana y encontramos ese remanso de paz y de alegría, allá donde los «elegidos» son llevados al paraíso, donde las almas se elevan y se mantienen en el aire y en ese cielo que se han ganado una vez dejada la tierra.
Como cada puente de Todos los Santos, desde hace ya un par de años, Silvia acude con sus padres y su hermana al camposanto para limpiar la lápida y llevar las típicas flores a su abuela Paqui, fallecida de cáncer de útero y cuya pérdida dejaría desolada a su familia.
Paqui, una mujer luchadora y trabajadora, tenía una frutería en el Mercado Central de Almería. Su género de frutas y verduras era muy variado y de gran calidad, y tuvo una clientela fiel hasta su jubilación.
Pero, a los tres meses de jubilarse, le detectaron un cáncer de útero, por el que tuvo que someterse a una operación y a un tratamiento. Fueron dos años y medio muy duros. Su marido, Vicente, fue su gran apoyo y nunca la dejó sola hasta el final de sus días.
Vicente trabajaba como maestro albañil autónomo para su empresa de construcción. Junto a Paqui sacó adelante a su familia y a sus dos hijas, Laura y María. María, la más pequeña, es la madre de Silvia, que desde que nació fue siempre el ojito derecho de Paqui.
Paqui cuidó de Silvia, siempre la protegió y dio a su nieta los mayores mimos y cuidados. Desde el accidente que Silvia sufrió junto a sus padres y que la dejó en una silla de ruedas para siempre, su nieta se convirtió en su principal motivo de lucha y entrega. Paqui quería mantenerla siempre en un espacio libre de intolerancia hacia las personas con discapacidad.
Después nació su hermana Carmen. Paqui llegaría a sentir que quería «un poquito más» a Silvia, dados los años que llevaba cuidándola y queriéndola.
No solo podemos querer a las personas por los gustos que nos dan a menudo, sino por las cosas que nos hacen sentir, y eso es mucho más poderoso que todo lo material o lo monetario que nos puedan dar u ofrecer.
Silvia vivió muchos momentos junto a su abuela Paqui, la «yaya», como ella la llamaba. El barrio de El Puche aún recuerda a Paqui como una vecina ejemplar y de personalidad peculiar, porque ayudaba a todo aquel que la necesitara y, como el hombre del traje negro, siempre acudía al rescate de los más desfavorecidos.
Siempre que se va alguien a quien hemos querido al máximo, nos queda un gran vacío, un hueco muy difícil de llenar. Pero siempre hay que apoyarse en quienes se quedan y en los momentos y recuerdos vividos con esa persona que tanta felicidad nos hizo sentir.
Tratamos de entender la vida como un auténtico aprendizaje, en el que afrontamos diversos desafíos. Uno de ellos es pensar cómo nos veremos cuando nuestros seres queridos más mayores nos dejen.
La cuestión está en cómo nos atreveremos a afrontar todos aquellos desafíos que la vida nos pondrá en el futuro. Para Silvia ha tenido que ser muy duro pensar que su abuela Paqui no podrá verla crecer en esta vida, ni verla feliz, ni llegar a ser lo que ella pretende ser el día de mañana.
Y ese mañana empieza por poder ser hoy quien quiera ser y quien a su abuela Paqui le gustaría que fuese para verla feliz.
Ese principio de felicidad, en esta vida… y en la otra, consiste en aceptarse tal y como uno es, dejando atrás los complejos y afrontando los problemas que puedan surgir a diario.
Para Paqui, sus últimos años fueron un infierno. Pero incluso ante ese infierno llamado cáncer, u otra dolencia física o mental, siempre puede haber un aprendizaje para afrontar nuevos desafíos.
Silvia estaba preparando junto a su familia la visita al camposanto y lo haría de la mano de Aarón, su mayor apoyo desde el pasado verano. Este principio de curso ha sido para ella el punto de partida para hacerse valer por sí misma y conseguir poco a poco pequeños logros, a pesar de su discapacidad.
Porque, como dice Silvia: «Este curso escolar es muy diferente al resto de los cursos escolares. Es el paso previo a otra etapa: la de formarme el próximo curso como alumna de secundaria y como persona».
En ese océano de lágrimas desembocarán todos los mares de tristeza y de maleza, para que transcurran ríos de amor y de esperanza llamados: Buen Vivir.
La Banda de Silvia y Aarón no solo rinde homenaje y honra a sus seres queridos fallecidos, sino que desea que este capítulo sirva también para recordar a todos los seres queridos que han perdido nuestros lectores y lectoras de Infoguadiato.
Y mientras existan aventuras como las de este serial, los capítulos semanales serán inacabables. La próxima semana, el medio ambiente será el protagonista de un nuevo capítulo. Cómo cuidar nuestra naturaleza y combatir el cambio climático, pese a algunos negacionistas, será el motivo de otro episodio de La Banda de Silvia y Aarón.
Un encuentro semanal entre lo educativo y lo social, sin dejar de lado la amistad y el amor por la vida, así como el deseo de mantener vivos los barrios más desfavorecidos de España, como aquel en el que gira nuestro serial: el barrio y el centro educativo de El Puche, en Almería.
En el próximo capítulo no solo serán Silvia y Aarón quienes salven al planeta, sino también tú, querido lector y lectora. Porque con pequeños gestos podemos cuidar de nuestra madre naturaleza y de nuestra biodiversidad.
Para finalizar este décimo noveno capítulo, lo cerraremos con nuestra frase célebre habitual:
«Nadie es reemplazable cuando el amor es tan grande; estará por siempre en el corazón de todos».
ANÓNIMO
SERGIO DELGADO CINTAS





























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