Cada persona sabe, aunque no siempre lo diga, dónde tiene que estar en cada momento de su vida. Volver a empezar nunca fue para Manuel Ortiz Alcalde una cuenta pendiente, porque entendió pronto que el tiempo no se pierde si se vive con dignidad, trabajo y honestidad.
La vida avanza marcando su propio ritmo, a veces con ruido, otras en silencio. Manuel aprendió a caminar en ella sin alardes, asegurando lo esencial: el pan de cada día, la tranquilidad del hogar y el futuro de los suyos. Trabajar, volver a casa, ver crecer a los tuyos… ahí estaba su forma de entender el mundo.
A un día de despedir este año 2025, cerramos una etapa de homenajes iniciada el pasado agosto en Infoguadiato, donde cada historia ha servido para reconocer a vecinos y vecinas que dan sentido a nuestro pueblo. Hoy, este tributo es para Manuel Ortiz Alcalde, un hombre al que no hace falta adornar: su bondad camina con él desde siempre.
Manuel es afable, cercano, con ese humor fino que aparece sin avisar. Conversar con él es ganar tiempo: se aprende, se ríe y se comparte. Su simpatía no es impostada; es natural, como quien nunca ha necesitado aparentar nada.
Nació en Ojuelos Altos, aldea de Fuente Obejuna, en el seno de una familia trabajadora. Hijo de José y Crescencia, creció junto a sus hermanos José, Francisco y Mari Carmen, en un entorno donde el campo marcaba los días y los valores se transmitían con el ejemplo. Y aunque hoy resida en Peñarroya-Pueblonuevo, Manuel sigue diciendo, con orgullo y sencillez, que es “de Fuente Obejuna, de una aldea”.
En 2002 se casó con María del Carmen y, en 2003, nació su hijo Manuel, el mayor orgullo de su vida. Su trayectoria laboral ha sido constante y honesta: Ayuntamiento de Fuente Obejuna, la empresa Bonatti en las obras del gasoducto, y desde 1997, Nissan–Talleres Durán, donde continúa trabajando. Para muchos siempre será “Manolo, el de la Nissan”, un nombre ligado al trabajo bien hecho.
El campo ha sido siempre su refugio. Desde niño, acompañando a su padre, aprendió a amar la tierra. Aún hoy disfruta perdiéndose entre caminos, en bicicleta o a pie, buscando calma. La caza, vivida desde el respeto y la tradición, es otra de sus pasiones.
En lo personal, destaca su relación con los cuñados, con la familia y con los amigos. Preguntar por Manuel es recibir siempre la misma respuesta: es buena gente. No busca conflictos, suma sin ruido y deja huella sin proponérselo.
Como esposo y padre, quienes lo conocen lo dicen claro: ejemplar. Cercano, presente, honesto. De esos hombres que sostienen sin hacerse notar.
Y si hay una imagen que lo define es la del café de cada mañana en el Bar Gimnasio, antes de ir al trabajo. Allí, entre bromas, conversaciones largas y pequeñas “peleíllas” de palabra, compartía risas con amigos que ya no están, como José García o Frasquito. Momentos sencillos que hacían más llevadera la jornada antes de entrar al taller.
Así es Manuel Ortiz Alcalde: sencillo, trabajador, fiel a sus raíces y querido por quienes lo rodean. Un homenaje merecido a una vida discreta, pero plena.
Escuchar más el viento, vivir cada día con verdad y disfrutar de los buenos momentos —porque los malos llegan solos— es una lección que Manuel ha llevado siempre consigo. Ha sido el mismo en todo momento, sin engañar a nadie, ni personal ni emocionalmente.
Hoy su historia habla por él. Y lo hace con la voz tranquila de quien encontró el sentido de la vida sin buscarlo demasiado.
Gracias, Manuel, por regalarnos sonrisas sinceras.
Te lo mereces.
“Hay que guardar sonrisas para burlarse de los días sin alegría”
— Anónimo
Sergio Delgado Cintas






























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