Estas dos palabras son muy repetidas. Es un hecho cierto: ha caído mucha agua en el mes de enero (“seco y heladero”). Hay diversos informes: ha sido el segundo más lluvioso en lo que va de siglo y, según leo, el más frío de los últimos 10 años. Y en cuanto a nieve, en el top 5 de los últimos 25 años. Para terminar la estadística, desde noviembre a enero ha llovido el 71% de los días y la Península ha registrado 29 horas menos de sol de media, siendo el segundo enero más oscuro desde 1984.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), en el mes de noviembre, hizo un pronóstico del tiempo para este invierno y nos dijo que sería caluroso y seco.
Echo la vista atrás y mi memoria me sitúa en mi muy lejana niñez y recuerdo haber visto llover mucho y con la misma frecuencia. En ocasiones, la lluvia comenzaba nada más pasar la feria de Belmez, a primeros de septiembre; algunas veces, hasta la mojaba. Y no digamos la de Peñarroya, primeros de octubre, que pocas veces se libraba. Entonces, ¿qué es lo que ahora nos asombra? Que unos nos hemos olvidado y otros no lo han vivido.
Hemos leído y escuchado con asiduidad en los medios de comunicación que llover o no llover y hacer mucho calor se debía al “calentamiento global” – parece que sobre esto ya hemos pasado página -, ahora toca “el cambio climático” y puede ser así. Lo que no admito es que se quiera justificar sea incluida una tragedia ferroviaria por este motivo, y me asombra, me duele y cabrea. Yo tengo una hija viviendo en Huelva.
Continúo en la línea que traía. Reconozco tener un supino desconocimiento del tema. Hablo con mis hijos. Ellos son, por sus estudios, más versados en Hidrología. Me hablan de “Períodos de retorno” y me lo explican. Leo algo sobre Climatología, que estudia el clima y sus variaciones a lo largo de años, décadas, siglos e incluso milenios, y la verdad, es tal mi confusión, que no sé si estamos, o no, en un cambio climático, que provoca inundaciones, sequías y ese tórrido calor o no hay tal cambio (geólogos: Ortega Gironés, Saénz de Santa María Benedet, Stefan Uhlig y otros así lo dicen) y, nos encontramos dentro de un periodo de glaciación y no es una broma.
En varias ocasiones le oí decir a mi suegro (un hombre de campo) “tenemos agua de temporal”. ¡Qué expresión más sabia! Su significado: es el tiempo en el que entran las borrascas del Atlántico, o sea, en el que estamos ahora. Él y su familia poseían huertas en la vega del río Guadiato y me decía que, con frecuencia, se les anegaban en los otoños-inviernos como éste. Algunos meteorólogos a esta situación tan lluviosa la denominan “tren de borrascas”, ¡qué cosas!
Cuando era un muchachote, fueron bastantes las veces, que nos poníamos toda la pandilla en el puente del río porque iba “aventao” (una expresión muy nuestra), desbordado y nos gustaba ver pasar el agua con esa anchura y velocidad. Hace unos días hice lo mismo, están constantemente desembalsando. Ha sido el único momento de mi vida en el que he estado, en el mismo instante, en dos puentes. Uno en el que físicamente me encontraba, el otro el de mi mente que me llevó al pasado.
Estoy dando por terminado este artículo, en los primeros días de febrero, en los que estamos padeciendo una sucesiva entrada de borrascas de gran impacto, que están afectando sobre todo a Andalucía. Han caído en Grazalema 600 l/m2 en 30 horas que es una barbaridad.
Así que, después de indagar, me he quedado como estaba y puede que me una a los que se suman a esa expresión coloquial “el tiempo está loco”. En conclusión, que cada uno se manifieste según “su leal saber y entender”.
Laureano Gil Sánchez.





























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