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El 19 de marzo de 2024 se comunicó formalmente al Ayuntamiento de La Granjuela el deterioro del espejo de seguridad vial situado en la calle Cuarteles nº 20, en el cruce con carretera de Valsequillo y calle Triana.
El elemento, imprescindible para garantizar la visibilidad en un punto con ángulos muertos, resultó dañado presuntamente por vandalismo o por el paso de algún vehículo. En el escrito registrado se advertía expresamente del riesgo que suponía su ausencia, especialmente en una zona donde se producen entradas y salidas de maquinaria agrícola y vehículos industriales.
Hoy, casi un año después, el espejo continúa roto.
No se trata de una cuestión estética ni de una mejora secundaria del mobiliario urbano. Se trata de seguridad vial. Se trata de prevenir accidentes en un cruce con visibilidad reducida. Se trata de una competencia municipal directa en materia de señalización y mantenimiento de las vías urbanas.
La reposición de un espejo convexo de tráfico no requiere una gran inversión ni un proyecto técnico complejo. Requiere voluntad de gestión y prioridad administrativa.
Durante este tiempo no consta actuación visible ni reposición del elemento, pese a la advertencia formal realizada en marzo de 2024. La inacción prolongada en un asunto relacionado con la seguridad de conductores y peatones plantea una pregunta legítima: ¿qué prioridad ocupa la prevención de riesgos en la agenda municipal?
Además, el propio escrito advertía de la existencia de otros puntos muertos en el cruce donde podrían implantarse medidas preventivas adicionales. Tampoco consta que se haya realizado evaluación técnica alguna.
La seguridad vial no puede depender de la paciencia de los vecinos ni de que no ocurra un accidente. La prevención es una obligación, no una opción.
Un año después, el espejo sigue roto.
Y la responsabilidad, intacta.





























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