Antonio Fernández Díaz “Fosforito”… Puente Genil, Málaga, Córdoba… qué más da. Cantaor universal, figura de cartel, maestro de maestros. Así de simple: Fosforito.
¿Qué nos queda? Poveda, Arcángel, Estrella, El Cigala, Guadiana… Una remesa de artistazos, pedazo de cantaores, pero —de momento— solo eso. Ya es muchísimo, pero ser leyenda es otra cosa.
Y no, no me olvido de mi querido amigo José Mercé, que anda ya rozando ese camino reservado a muy pocos. Muy poca gente sabe que Mercé es el artista flamenco que más discos ha vendido en la historia, por encima de todos… todos.
Quiero que se entienda lo difícil que es llegar a ese nivel: ser maestro, ser referencia, ser historia. Antonio lo era. Además, era una gran persona, con un genio “cochino” cuando le tocaban los… bueno, imagínenlo. Pero sobre todo, era un profesional como la copa de un pino.
Una vez, con 15 años, me atreví a pedirle un consejo:
—Maestro… ¿me da un consejo?
Me miró fijamente y me dijo:
—Niño, cuando vayas a tocar a un sitio y solo haya tres personas, saca tu corazón como si fueran tres mil.
Ole.
¿Y qué decir de su Antología del Cante Flamenco? Aquellas cintas de cromo, creo que seis volúmenes, donde grabó todos los palos. Y a la guitarra un tal Paco de Lucía… ¿les suena?
Ahí mamamos todos los corderitos que queríamos ser artistas.
La última vez que lo vi fue en Bodegas Campos, en Córdoba. Yo tocaba lo que él me pedía. Me destrozó el repertorio y, aun así, me regaló un villancico inédito con Paco de Lucía en CD. Lo guardo como un tesoro.
GRACIAS, MAESTRO, POR HABER NACIDO.
GRACIAS, FOSFORITO.
Mairena, Caracol, La Perla y “tu Paco” te esperan.
La fiesta en el cielo ya puede empezar: ya estáis todos.
José Manuel Hierro






























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