En los pueblos hay personas que forman parte del paisaje humano sin hacer ruido. Están en la empresa familiar, en la educación de los hijos, en las tradiciones, en los gestos cotidianos que sostienen una comunidad. No buscan protagonismo, pero su ausencia se notaría de inmediato.
María Lourdes Ruiz Fuertes es una de esas presencias firmes y serenas de Peñarroya-Pueblonuevo.
Nació en el seno de una familia trabajadora, hija de Domingo Fabián Ruiz Muñoz y Carmen Fuertes Abad. Hija única, creció entre adultos, aprendiendo pronto el valor de la escucha, del respeto y de la responsabilidad. De aquel hogar heredó algo que la define hasta hoy: la elegancia en las formas y la coherencia en los actos.
Comenzó estudios de Empresariales y cursó los tres primeros años. No los terminó, no por falta de capacidad, sino porque eligió priorizar un proyecto de vida compartido. Fue una decisión tomada con convicción y sin estridencias, como casi todo en su trayectoria.
Dejó atrás Sevilla para acompañar a su marido, Luis Triviño Arias, en el sueño de levantar una empresa familiar vinculada a la arquitectura. Durante años trabajó codo con codo en el estudio: atención al cliente, organización, maquetación, preparación de entregas, gestión diaria. Lourdes fue estructura, equilibrio y constancia. Nunca necesitó figurar para ser imprescindible.
Pero si algo ha construido con verdadera vocación ha sido su familia.
Junto a Luis formó un hogar del que nacieron Jorge, Luis, Jesús, José y Ángel. Cinco hijos criados con presencia constante, con diálogo y con ejemplo. Lourdes es de las madres que llaman cada día, que escuchan antes de aconsejar, que están incluso cuando la distancia impone kilómetros. Málaga, Madrid, Barcelona, Canarias… no importa el lugar: siempre encuentra la manera de sostener el vínculo.
Desde hace dos años, la vida le ha regalado una nueva alegría: Leo, su nieto. Con él ha redescubierto la risa sin medida, la energía renovada, la ilusión intacta. En cada carrera detrás de su nieto hay una historia que continúa.
A Lourdes le gusta cuidarse. Practica yoga, pilates, camina. El mar es su refugio, especialmente en familia. Disfruta de los juegos de mesa, los crucigramas y los desafíos de palabras; no se pierde Saber y Ganar ni Pasapalabra. Desde niña siente una especial inclinación por la moda, el buen vestir y el ballet, una disciplina que refleja su carácter: constancia, equilibrio y elegancia.
Su compromiso con el pueblo ha sido constante. Ha colaborado con cofradías y asociaciones, ha participado activamente cuando se la ha necesitado y durante años ejerció como catequista, dedicando tiempo y paciencia a transmitir valores. Siempre con la idea de sumar. Siempre desde la discreción.
Como amiga es leal. Como hija, ejemplar. Como madre, incansable. Como vecina, cercana. Lourdes representa esa forma de vivir que no necesita alardes: la de quienes creen que la dignidad y el respeto son el fundamento de todo.
El poeta granadino Federico García Lorca escribió:
“La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar”.
Y si algo ha sabido hacer María Lourdes es precisamente eso: vivir con autenticidad, disfrutar de los suyos y convertir cada día en una oportunidad para cuidar y acompañar.
Para disfrutar de la vida como lo hace María Lourdes, basta con mirarla como la mira ella: con gratitud, con serenidad y con verdad.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas





























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